Este 28 de febrero, Día de Andalucía, es una oportunidad única para reflexionar y preguntarnos sobre los valores que estamos perdiendo y que nos impiden hoy reconocernos con orgullo como andaluces y andaluzas.
Estoy convencido de que esta festividad es una ocasión excepcional para que todos y todas, individualmente y como sociedad, seamos conscientes de lo que estamos perdiendo y, a la vez, nos está impidiendo trabajar juntos por recuperarlo.
Como Defensor del Pueblo Andaluz y Defensor de la Infancia y Adolescencia en Andalucía quiero alertar sobre algunos derechos que se están debilitando claramente y que constituyen, en mi opinión, el paquete básico para garantizar la Andalucía que hemos ido construyendo para las generaciones futuras. Un paquete conformado por el ejercicio efectivo de una cultura de paz que nos permita dialogar, basada en la escucha y la participación activas; el derecho a un techo digno para las personas más vulnerables; la protección efectiva de la salud, sin tantos retrasos y, la protección de la dependencia y la discapacidad.
Estas son las reivindicaciones esenciales y urgentes que hago hoy, 28 de febrero, como altavoz de los testimonios y quejas de muchos andaluces y andaluzas que no tienen otra forma de hacerse oír para reclamar su derecho a participar y ser parte activa y visible del Estado de Bienestar que nos compromete.
Hago mías también las palabras de Saramago en su Carta de Deberes y Derechos de la ciudadanía recordando el primer deber de toda persona que es exigir y respetar los derechos de las personas y preservar su dignidad, sin dejar a nadie atrás.
Estoy convencido de que es un primer paso fundamental para acortar la brecha entre las necesidades de las personas y la capacidad de las políticas públicas para dar la respuesta más justa.
Celebrar este Día de Andalucía, significa hoy para nosotros y nosotras respetar estos derechos y garantizar su dignidad e igualdad.
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